La mayor diferencia es la elasticidad. El epoxi forma una capa dura y rígida, bonita y resistente, pero que apenas se flexiona. Cuando el soporte se mueve por la temperatura o por asentamientos, el epoxi puede agrietarse o despegarse. La poliurea, en cambio, se mantiene flexible y puentea las fisuras del soporte.
Además, la poliurea cura muy rápido, a menudo en segundos, mientras que el epoxi necesita horas o días. Por eso una superficie con poliurea suele estar lista para usarse mucho antes.
Para piscinas, cubiertas y terrazas en la Costa Blanca, donde son habituales los grandes cambios de temperatura y el movimiento estructural, la poliurea es en la mayoría de los casos la opción más duradera.
Aun así, el epoxi no siempre es peor. En un suelo interior que deba quedar plano, duro y fácil de limpiar, donde el soporte no se mueva y no reciba luz solar, el epoxi funciona muy bien. Un garaje, un taller o un trastero son ejemplos típicos.
En el exterior la situación cambia. El epoxi no es estable a los UV y amarillea al sol, mientras que con el calor español el soporte sigue trabajando. Si en su caso el epoxi es la solución más lógica, se lo diremos.
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